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Diálogos imposibles: un experimento narrativo para encontrar las grietas de los discursos de odio contra las personas trans

Komons - 5 diciembre 2025

El pasado 30 de septiembre, en Komons colaboramos con LaIntersección dentro del Proyecto Hortensia para realizar un experimento narrativo que llamamos "Diálogos Imposibles": sentarnos a conversar con varias audiencias impersonadas por chatbots alimentados con más de un millón de posts sore personas trans en X/Twitter en 2025. No era un juego de rol; era un espejo sintético de la conversación pública. Lo inteteresante no es solo lo que dijeron los bots, sino lo que see hizo visible cuando les empezasteis a hacer preguntas incómodas. 

➡️ Descarga el informe y accede a los chatbots ⬅️

1. La infancia como campo de batalla absoluto

Si hay un eje común a casi todas las respuestas de los segmentos reaccionarios es éste: “Con los niños, no”.
 La infancia aparece como escudo moral donde se proyecta todo: miedo, control, pánico sexual, desconfianza hacia el Estado y rechazo a las personas trans convertidas en “agenda”. Incluso cuando se habla de adultos, vuelven a los niños: tratamientos, escuelas, baños, patria potestad.


Frente a esto, las voces trans e inclusivas también hablan de niñas, niños y niñes, pero desde otro punto de partida: cuidado, salud mental, acompañamiento, derecho a existir. Ambas partes dicen “queremos protegerles”, pero no están diciendo lo mismo. Ahí hay una clave estratégica: no regalar el marco de la protección, sino disputarlo desde la experiencia real de las infancias trans y de las familias que acompañan.

2. Ciencia de pega vs vidas reales

Otra constante es la invocación obsesiva a la “biología real”. Los discursos antitrans se presentan como guardianes de la ciencia, pero la usan como dogma, no como método: hay dos sexos, punto; todo lo que no encaja es “ideología”, “moda” o “anomalía médica”.

Cuando en el taller se introduce la pregunta por las personas intersex, el guion se complica. Reconocen que existen, pero se apresuran a clasificarlas como error, excepción sin consecuencias políticas. Es justo ahí donde el relato se agrieta: si la ciencia reconoce diversidad corporal, ¿por qué el discurso que dice defender la ciencia necesita borrar la diversidad corporal o patologizarla?

Lo que el experimento muestra es que el relato biologicista se sostiene sobre una simplificación radical. Funciona en titulares, pero se tambalea con ejemplos concretos, nombres, biografías, cifras. Esa es una grieta narrativa aprovechable, siempre que no se quede solo en el dato y se conecte con historias humanas.

3. Deporte, baños y otros escenarios teatrales

En las conversaciones sobre deporte, se repite un patrón: las categorías femeninas se presentan como territorio en asedio permanente por “hombres que se hacen pasar por mujeres”. Las objeciones de las personas participantes —baja incidencia real, casos como Semenya o Khelif, diversidad hormonal entre mujeres cis— no obtienen respuestas nuevas; solo más eslóganes.

Esto revela algo importante: el deporte (como los baños) no es un problema práctico, sino un teatro moral. Es el lugar donde ciertos sectores escenifican la defensa del orden sexual como si fuese una frontera militar. La eficacia del relato no viene de su coherencia, sino de la imagen que crea.

Para las narrativas pro-derechos, esto implica dos cosas:

  • No basta con decir “son poquísimas, no pasa nada”.

  • Hay que repolitizar estos escenarios mostrando quién queda realmente desprotegide cuando se legisla desde el pánico y no desde la evidencia.

El añadido interesante: cuando traemos a la conversación a las personas intersex, el teatro se desarma. La simplificación en blanco y negro deja de servir. Ahí aparece un insight clave: el discurso TERF colapsa cuando se le obliga a mirar más allá del binario rígido.

4. Grandes ausencias: hombres trans y vidas en toda su complejidad

Una de las constataciones más potentes del experimento es aquello que no aparece.

En el odio, las personas trans están casi siempre representadas como “hombres disfrazados de mujer”. En el apoyo, la centralidad también recae sobre experiencias transfemeninas, sobre todo cuando se habla de violencia y asesinatos. Los hombres trans entran tarde, poco y de forma lateral. Las realidades no binarias están aún más ausentes.

El resultado es una doble invisibilización de las realidades transmasculinas: ni como amenaza ni como sujeto político visible. Eso empobrece la conversación y deja fuera dimensiones clave (salud, cuerpos, trabajo, cuidados, paternidades, deporte, violencias específicas).

Algo similar ocurre con la vida cotidiana: incluso en voces aliadas, la narrativa está muy cargada de sufrimiento, lucha, derecho y urgencia, y menos de escenas concretas de amistad, humor, errores, trabajo precario, alquileres, burocracia, series favoritas. Falta cotidianidad compleja, que es justamente donde la empatía se vuelve más difícil de desactivar.

Nuestra intuición se confirma: si la conversación pública solo ve a las personas trans como caso extremo (mártir o amenaza), nunca como vecina, compañero de curro o amigue del grupo de pádel, el marco queda secuestrado por la excepcionalidad.

5. Libertad, empatía y duelo: quién merece ser llorado

El ejercicio también desvela cómo se disputa el significado de libertad.

  • Libertad, para los sectores reaccionarios, es que nadie cuestione la autoridad de los padres ni la ficción de los dos sexos inmutables.

  • Libertad, para las voces trans, es poder existir sin miedo, sin permiso y sin tutela permanente.

  • Libertad es resignificada por los discursos de odio como “decirte la verdad aunque no te guste”, es decir, como licencia para negar tu existencia.

Ante el asesinato de Victoria Strauss, algunos segmentos se niegan a reconocer su muerte como injusticia política: minimizan, desvían o instrumentalizan. Es la expresión más cruda de la deshumanización: ni siquiera el duelo se les concede.

Aquí el hallazgo no es solo moral, sino narrativo: los discursos antitrans solo pueden sostenerse si limitan quién es legible como víctima. Las narrativas pro-derechos tienen el reto de ensanchar quién merece cuidado y duelo sin caer en pornomiseria, mostrando vidas completas, no solo muertes.

6. ¿Qué hacemos con todo esto?

El experimento confirma que no estamos ante opiniones aisladas, sino frente a ecosistemas narrativos muy compactos, con marcos morales claros y frases hechas listas para circular. Pero también muestra grietas.

A partir de lo observado, algunas pistas narrativas (muy resumidas) serían:

  • Reforzar relatos de vida cotidiana trans: trabajo, familia, deporte amateur, iglesia, barrio, cuidados. No solo supervivencia: también deseo, humor, contradicciones.

  • Dar centralidad a hombres trans y otras identidades menos visibles, para romper la caricatura única del “hombre que invade lo femenino”.

  • Ocupar el lenguaje de la protección sin cederlo: mostrar, con historias reales, qué significa cuidar de una infancia trans, de una persona intersex, de una familia diversa.

  • Usar la ciencia actual para revelar que el simplismo biologicista es propaganda, no evidencia.

  • Tensionar los teatros simbólicos (deporte, baños, escuelas) con historias concretas que muestren quién queda fuera cuando se legisla desde el miedo.

  • Conectar libertad con responsabilidad colectiva, no con el privilegio de unos pocos para decidir sobre los cuerpos de otras personas.


Estos “Diálogos imposibles” no resuelven el conflicto —ni lo pretenden—, pero dejan reflexiones muy útiles. Sabemos mejor qué frases se repiten, qué miedos se activan, qué silencios pesan y dónde aparecen las primeras ranuras para contar otras historias. Gracias a todes les participantes que se enfrentaron a este artefacto que puede resultar complejo y, a ratos, opaco. Sin vuestra confianza y curiosidad no habríamos generado estos aprendizajes. Seguiremos juntas imaginando y creando formas para que la tecnología sirva a nuestras comunidades.